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REGISTRO DE OBRAS

Viaje por Italia (22) por A. de Azcárraga

...Capitulo XIV, Ante la Plaza de San Pedro.- Los Museos Vaticanos.- "Mea Culpa" en las estancias de Rafael.- La Capilla Sixtina

Aquella mañana, al desembocar en la avenida de la Conciliación, se me apareció al fondo la basilica A CONCILIO65

de San Pedro, cuya cúpula se escondía tras la fachada a medida que mi taxi iba avanzando.

Rodábamos por entre una espesa riada de automóviles ocupados por graves eclesiásticos, lo que 

me hizo recordar que aquel día se iniciaba el segundo periodo del Concilio Vaticano.

Un atasco nos obligo a detenernos y, en un momento, los conductores de los padres conciliares

organizaron una buena  zarabanda de bocinazos. Dos monjitas que llevaban un Fiat entraron a

formar parte del coro con la voz aguda de su claxon.

Al llegar a la columnata de Bernini, advertí que la plaza de San Pedro estaba cerrada por una valla de madera.

Solo dejaban  pasar a los miembros del Concilio, quienes al descender de sus coches eran asaltados por grupos de colegialas

en demanda de autógrafos.

Aquellos clérigos de las cinco partes del globo, unos con grandes barbas, otros con extraños  a VATICANO

bonetes cuadrados o cilíndricos, y todos con trajes talares de los más variados paños y colores,

formaban en la gran plaza de San Pedro, sobre el fondo monumental de la basilica, un cuadro al

estilo de Gentile Bellini.

Junto a la columnata, un sacerdote español que habia ido como turista me hacía un comentario inevitable, aunque justificado por la ocasión:

-- Lo más extraordinario de todo esto es la universalidad.

Mirando la basilica, pensaba que fue una pena haber rectiificado el proyecto de Bramante, perfeccionado por Miguel Angel, en el que la planta tenía forma de cruz griega. Al adoptar al fin la cruz latina y prolongar la nave hacia la plaza, fue también adelantada la fachada, con lo que, visto el conjunto de cerca, la cúpula se oculta y se pierde el grandioso efecto del diseño de Miguel Angel...

Esa fachada añadida después, imponente pero inadecuada, contribuye también a que la basilica aparente menor altura.

Para corregir esa falsa impresión y dar al templo un acceso apropiado, Bernini proyectó su estupenda columnata, con los brazos en abrazo hacia quien llega.

El admirado visitante avanza por entre estas columnas ciclópeas -- veinte metros de altura--,  A COLUMNATA

advierte su tamaño y, como los hemiciclos que forman se continúan por unos tramos rectos hasta

ambos lados de la basilica, el contemplador, aún inconscientemente, restablece la proporción: las

gigantescas columnas próximas a el son iguales a aquellas otras lejanas que, sin embargo, resultan

pequeñas junto al templo....

Como muchas arquitecturas barrocas, la columnata de Bernini es una tramoya escenográfica; pero de una escenografía de la más soberbia calidad. La oscura solidez de ese pétreo anillo realza, por contraste, la luminosidad y amplitud de la plaza; aquella colosal formación de cuatro columnas en fondo hasta sumar casi trescientas, coronada por una balaustrada con ciento cincuenta estatuas, es uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes y majestuosos de la tierra.

El que a un hombre se le ocurriera una obra de esta envergadura sin más finalidad que el puro ornato es algo asombroso: pero es más asombroso todavía que hallara  otro hombre que aceptase la idea y dispusiera de medios para llevarla a cabo. La columnata es el resultado del felíz encuentro de un artista lleno de fantasía con un pontífice resuelto y que disponía del dinero de toda la cristiandad.

...Aquella, a causa del Concilio, no se podía entrar en la basílica, y decidí visitar los museos vaticanos.

Recorrí la pinacoteca, no muy nutrida, pero excelente. Allí admiré una obra maestra de Caravaggio.A CARAVAGGIO

El Entierro de Cristo, y en la sala contígua un lienzo de Ribera, El Martirio de San Lorenzo.

La influencia de Caravaggio sobre Ribera resaltaba allí perfectamente; ambos cuadros, en una

visión rápida, casi podrían juzgarse de la misma mano. Pero el italiano, esta vez, superaba al

español.

Rafael estaba bien representado por tres o cuatro grandes lienzos, uno de ellos La

Transfiguración, que a su muerte estuvo colocada junto a su catafalco. Frente a las obras de

Rafael, mi soliloquio siempre era el mismo.

No se puede negar a este artista -- me decía-- su sabiduría de composición, la gracia y el ritmo de líneas y volúmenes...

Pero no me convence. La falta de fuerza, color, originalidad. Su deuda con los demás maestros es considerable.

Unas veces se ven en el reminiscencias de Perugino y Pinturiquio; otras veces se advierte la presencia de Fra

Bartolomeo, Leonardo o Miguel Angel; incluso a Sebastián del Piombo le debe algo. Se dice que fue un ecléctico

genial; pero no creo que haya eclécticos de esa especie.

El preeminente lugar otorgado a Rafael sólo puede explicarse porque, durante varios siglos, el arte A RAFAELLO

se ha entendido como expresión de belleza, y de la belleza idealizada, que era el dominio natural

de este pintor. Hoy, que se piensa de otro modo, hay que bajarle de su alto pedestal.

Eso es lo que pensaba de Rafael, lo que habia pensado desde hacía años...

Hasta poco rato después, en que dejé de pensarlo para siempre.

Pase por el museo egipcio, que guarda esculturas y sarcófagos de los faraones e incluso algunas

momias; y tambien esculturas de inspiración egipcia hechas por artistas romanos.

Buen material, estas imitaciones, para estudiar el esnobismo extranjerizante y los pastiches

irremediables a que conduce en toda época.

En el Museo Pio-Clementino pasé de largo junto a sus grandes mosaicos; no porque no sean buenos en su clase, sino

porque la producción romana del mosaico siempre me pareció un arte de tercer orden. No así los bustos, de los que en otra

galeria contemplé algunos -- Octavio adolescente, Caracalla -- que constituyen admirables ejemplos de la vocación romana

por el retrato. Como ya creo que dije, y a diferencia de los griegos, que buscaban siempre lo típico y genérico, los romanos

propendían a expresar lo característico, y lo lograron ampliamente.

La galeria de las estátuas, en su mayor parte copias de los originales griegos, es una de las más valiosas galerias vaticanas.

Alli reconocí las célebres Venus, los famosos Apolos y Atletas que nos han hecho familiares las historias del arte.

¡Qué constante obsesión la de estos artistas griegos por la norma, la serenidad y la belleza!

Con alguna excepción, claro. Un ejemplo, el Laoconte. Este grupo escultórico tuvo rara fortuna:A LAOC

inspiró a Virgilio el segundo canto de la Eneida; a Miguel Angel, los esclavos que guarda el Louvre:

a Lessing, el famoso libro que tituló con ese nombre.

Una fortuna superior a sus méritos, porque el Laoconte pertenece a la época helenistica técnica,

pero muy inferiores a las obras de la época clásica y, como esta de Laoconte, de un hinchado

enfatismo.

(...sigue)

Economía y Cultura por la Redacción del Blog

La Economía y la Cultura... ¿se relacionan en algo?
Quizá un tema que se trata poco y que mucha gente ignora es que hay un estrecho vínculo entre el A DIBUJO
desarrollo económico personal y la cultura que una persona adquiere en su vida.

Iniciar el estudio de una lengua, por ejemplo: tener la oportunidad de ser bilingüe y crecer en un
ambiente con más de una lengua hablada desde pequeños, puede marcar un destino distinto en los niños.

Cuando hablamos de cultura se piensa que es un tema relacionado sólo con la elite y no se piensa que puede ser un modo sencillo de lograr mejores posibilidades personales. 

Existe, sin embargo, una relación proporcional entre la educación y el desarrollo individual de las personas, entre el

aprovechamiento de la formación y su relación con un mejor manejo de las posibilidades de los individuos, con el acceso a

otros medios y recursos.

En ese sentido, conocer y disfrutar de lecturas, visitas guiadas a museos y exposiciones, talleres de ARTEM

arte, conciertos, teatro o danza facilita que el horizonte y la capacidad de aprendizaje o adaptación

a diferentes medios se vea favorecido.

Existen estudios que comprueban que el desarrollo económico de un país se ve incrementado

cuando las personas han tenido oportunidad de ser parte de experiencias que, no siendo cotidianas,

han enriquecido su visión del mundo a través de la cultura en sus distintas formas de expresión.

Actualmente en muchos lugares, se estimula más el aprendizaje online que el presencial; y esto es así porque

continuamente se crean ofertas que siendo mayormente gratuitas se pueden seguir en cualquier parte del mundo; son los

llamados cursos MOOC. Basta disponer de un terminal y una red y dedicar un poco de esfuerzo a estudiar cosas nuevas,

que pueden ayudarnos a mejorar el rendimiento profesional o de estudios. Es, posiblemente ¡la escuela del futuro..!

Me gustaría tocar el caso particular del arte. Mucha gente no ha pisado nunca un museo o una  a ROTHKO

muestra en alguna galería de arte, porque existe el prejuicio de que esta reservado sólo a gente

rica y que se ha educado especialmente para ello.

Pero lo cierto, es que el arte como forma de expresión, practicamente exclusiva del humano, esta

presente en todas las culturas.

Desde los egipcios, incas, mayas, chinos, hindúes...hasta los pueblos más remotos o alejados del

planeta, en algún momento (como lo demuestran las pinturas rupestres o artículos de orfebrería o tejidos o cerámica, o

formas de comer), han tenido en ello un modo de comunicar y expresar sus particularidades a través del arte.

Existe incluso una forma de economía sobre este tema, en el cual se analizan los cambios sucedidos en la historia para dar

lugar a lo que se llama economia de la cultura. Y esto incluye no sólo los conocimientos más básicos, sino también los

mas especializados como la oferta y demanda de obras de arte, la historia del arte y de la economía de arte, mercado de

trabajo de los artistas, gestión de museos, coleccionismo, etc.

Los campos pueden parecer variados e incluso desligados entre sí: una persona amante del arte no BASQUIAT

tiene necesariamente que interesarse o conocer el mundo de las galerías de arte o los precios de

una obra o participar en subastas. Pero no hay tampoco ningún motivo para que no lo haga.

Y desde este punto de vista, el arte puede revolucionar la vida de la gente.

Porque acercarse a este campo, tantas veces desconocido y pensado solo para unos pocos, en

realidad ofrece muchas posibilidades sea para los aficionados como para quienes pueden ver en ello

una forma de inversión y rentabilizarlo. Siendo un tema todavía muy desconocido, interesarse en los costos de una subasta

puede sorprender a más de uno: existen muchos ejemplos de obras de arte que alcanzan precios exorbitantes en el

mercado y pueden incluso parecernos que, aparte de tener un autor famoso, la obra en sí...quiza no lo merece tanto.

Sin embargo, mirar alrededor, cualquiera que sea nuestro lugar de residencia, puede llevarnos a a GRAFICA19

apreciar no sólo las creaciones de artistas en edificios y monumentos (desde los Streetart del spray

a quienes dibujan con tizas en la calzada a obras de arte medieval)...sino también inspirarnos a

conocer más sobre un determinado artista. Y en un plazo corto, dedicando algunas horas a la

semana (sea leyendo en una biblioteca, mirando videos o siguiendo un MOOC, o un seminario), irá

acrecentando vuestros conocimientos y facilitando que vuestra visión del cotidiano sea mucho más

amplio.

El capital cultural (tangible e intangible) en el mundo es inmenso y conocerlo y difundirlo puede ser fuente de riqueza no

sólo monetaria sino personal. 

Sorprenderse conociendo un solo autor (para empezar): su obra, su inspiración, sus técnicas, su estilo, su época, sus

vicisitudes... les llevará a hacer que la cultura os abra otras puertas y posibilidades personales, facilmente.

Este es un tema que apasionará a más de uno y os invito a pensarlo y aplicarse en ello: quedarán a BOCCIONI19

muy satisfechos y tendrán un tema (sobre el cual charlar o compartir o debatir) muy interesante

que quedará siempre en vuestra mente y les enriquecerá de por vida.

(Notas de: "Economia de la Cultura. Una nueva área de especializacion de la economia".

Revista  de Economía Institucional, Vol. 12 N°22, Primer Trimestre/2010. Pp.: 129-165. Créditos Fotos: Google; obras de los artistas: Rothko, BasquiatK. Haring y Boccioni).

Pisa, 2019. La redacción del Blog (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.)

 

Viaje por Italia (21) por A. de Azcárraga

Viaje por Italia (21) 
Pg. 175.

...
"Vista de lejos semejaba el lomo de un gigantesco camello. Una de sus jorobas la forma el cabo que se enfrenta, a través de un pequeño estrecho, con la península de Sorrento; la otra, mucho más voluminosa y elevada la constituye el monte Solaro. En la depresión entre ambas se agrupa el pueblecito de Capri, y mucho más arriba, sobre un bastión del monte Solaro, se asienta Anacapri, el otro poblado de la isla.

Al pie del Solaro, a nivel del mar y penetrado por sus aguas, vimos el pequeño agujero, de poco más de un metro de alto, que da entrada a la Gruta Azul. En sus proximidades nos esperan veinticinco o treinta barcas de remo, que nos rodearon al llegar. Nuestras embarcaciones ajustaron unas escalas al costado y por ellas fue trasladándose el pasaje a las barcas.

El transbordo se hacía con suma rapidez. Dos marineros arriba y el barquero abajo ayudaban a los turistas y, como el oleaje balanceaba un poco las embarcaciones, tomaban en brazos a los vacilantes o menos hábiles.

Cargada ya la barca, el barquero, con unos golpes de remo, se aproximaba a la boca de la Gruta y, antes de entrar, obligaba a los turistas, cogiéndolos o empojandolos, a tumbarse en el fondo.

Tan expeditivo proceder venía forzado por a diferencia de idioma y para evitar que los turistas se golpearan la cabeza contra el rebajadísimo tunel de acceso, que había que enfilar rapidamente para no ser desviados por las olas.

Fue en esta maniobra de entrada cuando Pajarito Frito, que iba en la barca delantera a la nuestra, se cayó al agua. No del todo; ella se había incorporado en el peor momento y, al recibir el empellón del barquero, perdió el equilibrio. Se apoyó en la borda, pero basculó y metió en el agua la cabeza y parte de los hombros.

John y yo, desde nuestra barca, alargamos los brazos y crepo que John llegó a tocarle la melena; pero ya su barquero la había cogido y la izó rapidamente. Todo quedó en un simple remojon; y la pobre chica aun nos dirigio, mientras se secaba la cara con un pañuelo, una sonrisa de agradecimiento por nuestro inútil gesto.

--Tenía que hace su numerito – comentó después Harriet ---. Se estaba haciendo la interesante desde anoche.

--- No me dirás que se ha caído adrede – dijo John.

-- No estoy segura. Ni de que el caballero al que guardaba asiento en el barco no fuera un producto de su imaginación.

El paseo por la Gruta fua algo visto y no visto. La acumulación de turistas era considerable y allí dentro no podían evolucionar más de tres o cuatro barcas. Así, todo quedo reducido a entrar, dar una vuelta y salir. Ni siquiera los remeros, según costumbre, cantaron barcarolas. Pero valía la pena.

La Gruta azul es una caverna abovedada de una anchura de treinta metros y una altura de quince.

Su tamaño, pues, comparado con las grutas mallorquinas, es ridículo, y carece también de su bella decoración de estalactitas. Todo su encanto, real e indiscutible, proviene de la magia de la luz.

Cuando el sol esta en alto –las horas en torno al mediodía parecen ser las mejores--, son escasos los rayos que pueden penetrar por la angosta abertura. De estos rayos, unos se reflejan sobre la superficie líquida y colorean las paredes con su azul; otros atraviesan el agua, de una transparencia absoluta en sus cincuenta metros de profundidad y, al reflejarse sobre la blanca arena del fondo, dan a la masa líquida una extraña opalescencia.

Harriet sumergió un brazo en el agua e instantaneamente apareció cubierto de puntos brillantes, con pálidas perlas. Y no era sugestión causada por la belleza de su torneado brazo; el vulgar remo de la barca ofrecía el mismo sorprendente fenómeno.

En tiempos de Tiberio no podría observarse tal efecto. La caverna, entonces a más alto nivel, no estaba invadida por las aguas, lo que permitió al emperador acondicionarla para sus festines, con nichos excavados en la roca y estatuas de divinidades.

Después, a lo largo de los siglos, un lento y persistente fenómeno –bradisismo lo llaman los geólogos--- ha provocado el hundimiento de la gruta y de todo el promontorio.

De la boca pasamos de nuevo a la gasolinera, que nos llevó a la Marina Grande de la isla, donde desembarcamos y, desde este puertecillo, un funicular nos subió a Capri, que está a cien metros de altura. Para subir hasta Anacapri, que está a trescientos, ya no hay funicular.

Capri es una población muy linda y coquetona, con calles tortuosas y casa blancas de uno o dos pisos. En algunas lujosísimas boutiques, tan elegantes como las de Paris o Roma, con amplios escaparates que ocupan toda la planta baja.
En la plaza del pueblo había unos autobuses, de aspecto un poco estrambóticos para subir a Anacapri.

Eran descubiertos, para que el pasajero viera mejor los panoramas del trayecto, y ridículamente estrechos, porque la carretera, tallada en parte en roca viva, es muy angosta y los autobuses del tamaño habitual no podriían cruzarse en el camino.

Subimos a unos de ellos, ya casi totalmente ocupado por un grupo de turistas italianos. No era autobus de línea; pero la señora que hacía de cicerone de este grupo nos dejo tomar asiento en él.

Esta amable guía tendría unos sesenta años, una bonita cabeza de ondulado pelo blanco y un aire simpático y juvenil.
La carretera que asciende hasta Anacapri iba serpenteando entre frondas y vergeles. La península de Sorrento y la bahía se ofrecían a cada vuelta bajo nuevos ángulos.

Sus formas armoniosas, la pureza del cielo la diafanadidad del aire, el arbolado y la vegetacion, todo lo que iba descubriendo según trepaba el grotesco carricoche, me hacía pensar en la luminosa Grecia imaginada y nunca vista. Pero John, que sí que había estado, la evocó durante el trayecto: – Todo este panorama-- es perfectamente griego.

La cicerone nos señalaba las villas de personalidades famosas: ...la de Ginger Rogers, la casa en que vivió Gorki, el hotel donde pasó el rey Faruk su segunda luna de miel...

También nos señaló los restos de la villa de Augusto, el emperador que hizo de Capri su dominio privado, y la mansión donde su sucesor, el misterioso e hipocondríaco Tiberio, paso los últimos años de su vida. Y, como era inevitable, hizo alusión a las orgías que allí celebraba.

Yo me permití mostrarme escéptico: – Sospecho que esos libertinajes son pura fábula. Cuando Tiberio se retiró a Capri no debía estar muchas lozanías. Tenía cerca de setenta años.

--- Eso no es un motivo --- me replicó la guía.

--- ¿Usted cree?

--- Señor, yo soy casada--- declaró con una sonrisa de suficiencia.

--- Mis parabienes señora –le dije, pues ya no se me ocurrió otra cosa que decir.

Pero ahora, aunque me sonreía interiormente al recordar el tono categórico con que pronunció Signore, io sono sposata, pienso que la primaveral señora estaba en lo cierto.

Al fin y al cabo, la edad no es un obstáculo para la supervivemcia de la afición.

Anacapri, con sus casitas encaladas, tiene algo de oriental. Sus cuidados y floridos caminos zigzagean por entre villas muy lindas, enclavadas en unos rincones de ensueño. Nosotros echamos a andar por el viale Axel Munthe, ancho sendero umbroso y flanqueado de tiendecillas con chucherías y recuerdos.

Al final de este camino dimos con la villa que Harriet buscaba, la que construyó Axel Munthe sobre los restos del convento San Michele.

La cifra más alta que he pagado en España por visitar un monumento fue en el Palacio Real de Madrid --- que no lo vale---; la más alta en Italia fue por esta Villa San Michele –que tampoco lo valdría a no ser por su jardín y panorama--.

La casa, espaciosa, estaba amueblada con muebles antíguos y adornada con estatuas, fustes de columnas y fragmentos de marmoles hallados en la isla. En el dormitorio habia una estatua de Apolo y otras de febos. Y en la pared de la habitación contígua aparecía escrito, en francés un lema: Oser, Vouloir, Se Taire.

Esta casa, y sobre todo su jardín, escalonado en la montaña, daban una grata impresión de paz, como toda la isla. Era una autentica delicia pasear por aquella umbria aspirando su fragancia y, desde la pérgola, contemplar alla abajo el caserío de Capri, la península sorrentina y la inmensidad azul de la bahía.

En esta casa y este jardin vivió bastantes años el célebre doctor sueco Axel Munthe, médico de reyes y gran amante de los animales, del que todos ustedes habrán leído su famoso libro autobiografico "La Historia de San Michele", que ha llevado a Capri más turistas que la leyenda de Tiberio.

Y por cierto, que si hace muchos años que leyeron ese libro y les gusto, como a mí, les aconsejo que no lo vuelvan a leer.

Es libro para leer en la primera juventud; y me temo que si ahora lo leyeran es parecería un monumento de cursileria, de cursileria narcisística. Y no digo mas, aunque lo pienso. Aquellas estatuas en el dormitorio, aquella inscripción puesta por el doctor en la pared...

Esto que digo me abstuve de manifestarlo entonces por consideración a Harriet, de nacionalidad sueca como el doctor Munthe. Pero Harriet, que también había leído el libro, me hizo un comentario, tal vez de más alcance del que lla misma le concedía:

Es un libro muy interesante, pero en el que me parece que hay demasiadas páginas dedicadas a bichos. Axel Munthe tenía por los animales el amor de una solterona inglesa.

Comimos en el mismo Anacapri, en el hotel San Michele, al borde del acantilado. Desde los ventanales veiamos la estatua de Tiberio, que presidía un jardin vecino, y al fono la mole cónica del Vesubio. La isla carece de agua y quizá por eso era tan bueno el vino. El que a nosotros nos sirvieron era de la Vinicola Tiberio. Allí lo que no se refiere a Axel Munthe se refiere a Tiberio; ambos personajes llenan todas las crónicas de la isla.

Cuando bajamos a Capri hallamos reunidos en la plaza los mismos turistas con los que habíamos subido, ya dispuestos a montar en el pintoresco autobus para ir a Marina Grande y embarcarse. Pero el conductor del vehículo y otro de un coche particular estaban ensarzados en una inacabable discusión sobre quién debía maniobrar primero para dejar paso al otro.

Les rodeaba un buen corro, del cual formaba parte la amable y juvenil guía. El urbano de la plaza, muy próximo también, miraba sonriente y sin la menor intención de intervenir.

Las voces, gesticulacion y modo de argumentar de ambos contendientes era algo graciosisimo, de pelicula de Aldo Fabrizi; ambos se mostraban muy enérgicos y ninguno parecia dispuesto a ceder. Pero la guía que no queria perder más tiempo, presionó al conductor de su autobus, quien subió refunfuñando al volante para hacermarcha tras y dejar paso al otro.

Entonces la señora, con triunfal sonrisa, aclaro a los turistas que dirigia_:_ – Este espectaculo, no previsto en el programa, es absolutamente gratuito. De las dos parejas japonesas que habian venido en nuestra embarcacion, una partía en el autobus y la otra se quedaba en Capri, y su despedida fue la más cortés y delicada que haya visto nunca.

Puestos de frente, con esquisita sonrisa de amabilidad, cada caballero con su dama al lado y los cuatro con los brazos pegados al cuerpo se inclinaron varias veces ceremoniosamente, y la pareja que quedó en tierra, no dejó de mirar en dirección hasta el vehiculo hasta perderlo de vista. Nuestro occidental apretón de manos, junto a la finura y delicadeza de este saludo oriental, me pareció un gesto rupestre.

La travesía de vuelta transcurrió sin novedad, aunque el balanceo de la embarcación era más pronunciado que a la ida. Pajarito Frito, esta vez, iba de conversación con un señor macilento, de cierta edad, y parecía más animada. La hidroterapia le había sentado bien.
Un acordeón volvio a tocar Santa Lucia y el marinero de la voz sorda y profunda cantó de nuevo:

Venite all'agile,

barchetta mia...


Barchetta mía... – repetia yo maquinalmente--. ¿Quién no tiene su barquita? Todos tenenos nuestra barquita imaginaria y todos esperamos que llegue, veloz y airosa, con su pacotilla de felicidad.

Luego... Luego llega lo que llega; Pajarito Frito, por ejemplo, debía esperar una barquita fuerte y gallarda, y al final, había tenido que conformarse con un lanchon desvencijado. Cualquier cosa es buena con tal de no hundirse.


A nuestra arribada vi ponerse el sol por la parte del mar, lo que para un vecino de Valencia no deja de ser una novedad. Y no sé si por influjo o en recuerdo de la estancia de Wagner en Sorrento, aquel ocaso, con los rayos solares perforando y coloreando las nubes de bermellones y violetas, fue un ocaso verdaderamente espectacular, wagneriano.

(sigue...)Work in progress...

 

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